miércoles, 28 de febrero de 2007

POSICIÓN ÉTICA DEL PROFESIONAL

Posición Ética del Profesional


Ética Profesional y Valores

Todo comportamiento moral comienza con una decisión (que también es el primer acto voluntario). Dicha decisión genera una acción donde el hombre se hace causa, se identifica y se compromete. Por medio de la intención motivada inaugura un camino de acción sobre un proyecto futuro. En su decisión se enfrentan instintivamente todos los valores y que por medio del consentimiento dan origen al surgimiento de algo nuevo.

Todo ejercicio profesional en la escala de lo ético está sujeto a confrontación de valores, bien sea en el interior (conciencia moral) del mismo profesional, bien sea entre la escala de valores del profesional y la del usuario, pero es necesario presentar algunos aspectos de la confrontación entre profesional y usuario.

Si hay similitud entre las escalas de valores del profesional y el usuario, es posible prever que la relación entre ambos no tendrá obstáculos derivados de los valores, aunque excepcionalmente puedan presentarse discrepancias que alcancen el ámbito de lo valorativo.

Si las escalas de valores son diferentes, pero inocuas entre sí, es importante que en la relación sean respetadas, de manera consciente tanto por el profesional como por el usuario, las diferencias de valores, para que la relación profesional sea del máximo provecho para el usuario.

Es posible que la discrepancia entre las escalas de valores se convierta en choque. En esta situación, la relación profesional-usuario no solo no es conveniente, sino que será imposible de mantener en términos de beneficio para el usuario, porque la relación se centrará en que cada una de las partes hará lo posible por imponer su propia escala de valores, en detrimento de la del otro.

Todo profesional asume, frente a la importancia de un ejercicio profesional ético, una de las siguientes posiciones:

El profesional, en el ejercicio de su profesión, apenas tiene en cuenta la Ética en un grado mínimo, pues ésta solamente le sirve para que sus actuaciones no se deslicen a lo antiético ni caigan en lo ilegal.

En un grado intermedio de ejercicio ético, los profesionales actúan con sentido de honestidad, con respeto a las normas éticas y con facilidad de mejoramiento de la conducta si se dan las condiciones sociales y sicológicas necesarias "para ello.

Una tercera posición es la de los profesionales que sienten permanentemente la necesidad de ser cada vez mejores, lo que los lleva a un cumplimiento consciente y deliberado de estrictas y elevadas normas de eticidad en su ejercicio profesional.

El comportamiento ético tiene para el profesional la implicación de sujetarse a deberes y exigir derechos, con la correlatividad de que sus deberes son los derechos de otros y sus derechos son deberes de otros. Estos deberes y derechos profesionales son los que configuran los campos específicos de la Ética.

El conjunto de deberes específicos de un profesional están contenidos en la Deontología Profesional. Los deberes contemplados no son solamente por la ¿Dignidad humana, sino también los de la justicia distributiva cuando se ejerce la profesión con sentido social. Más aún, los deberes por Justicia conmutativa, Llevan al profesional integro a cumplirlos más por caridad, entendida como el amor al prójimo como a sí mismo

Cuando el ejercicio profesional se basa más en el tener un titulo, exhibirlo y exportarlo, se ha caído en el profesionalismo. Existen muchas causas por las cuales un profesional puede llegar a tan deplorable situación, pero las más importantes son:

CAMPOS ESPECÍFICOS DE LA ETICA PROFESIONAL

LA DIGNIDAD PROFESIONAL: PROFESIONALISMO Y PROFESIONALIDAD

Profesionalidad

A la luz de lo anterior, la profesionalidad es el ejercicio profesional con la integridad que tanto se reclama, con la autenticidad de ser profesional. No es gratuito: nace de los esfuerzos conscientes del profesional para cumplir más con los deberes de su profesión, que para reclamar los derechos que le son debidos, esfuerzos que se pueden agrupar en tres situaciones generales:

La capacitación permanente. El profesional debe asumir la actitud de estudio permanente de lo nuevo en su profesión, para que su servicio al usuario siempre sea dentro de los adelantos que le garanticen la mejor calidad. Quedarse con lo que la preparación universitaria o de otra índole le haya dado para ejercer la profesión, es caer en un profesionalismo sin sentido ético.

El respeto a la dignidad personal de los usuarios. Es digna la posición de quien, sabiéndose digno, respeta la dignidad de los demás, especialmente si son sus usuarios profesionales y hace respetar su propia dignidad.

El reconocimiento de su propio papel como profesional. Esto implica que el profesional, para actuar con profesionalidad, sabe que su ejercicio profesional, es un servicio a la sociedad en la que vive y que este servicio, como deber, está por encima de los derechos que tiene.

Profesionalismo

Defectos de personalidad como la inseguridad, al no tener los elementos que le permitan presentarse ante los demás sin temores a ser rechazado. Entonces, se refugia en el titulo académico y exige que lo respeten por tenerlo, aunque su condición de persona no cuente.

Deficiencias en la preparación académica como resultado, las más de las veces, de las propias negligencias en su etapa de formación profesional, las cuales se continúan durante el ejercicio profesional, al no estar actualizado en los conocimientos científicos y técnicos de su profesión, no tiene más recurso que quedarse en el titulo profesional.

Desenfoque en su “status” social es bastante frecuente que en las comunidades pequeñas y en las sociedades no muy abiertas, el tener un titulo profesional hace acreedor a su poseedor a un reconocimiento social que lo coloca por encima del resto de las personas. Pero también es cierto que quien exige tal reconocimiento, por la sola posesión del titulo académico, no comprende que su misión es prestar un servicio, sin la exigencia de honores; éstos, le serán concedidos en la medida en que su entrega al ejercicio profesional digno, lo haga merecedor de ellos.la dignidad profonal

La veracidad, como virtud es una de las que más facilitan las relaciones interpersonales, ya que hace que la persona se aleje de la suspicacia, de la insinceridad. Cuando las relaciones entre las personas se basan en la veracidad, el comportamiento de cada una de ellas busca respetar en el otro la credibilidad que tenga hacia uno mismo y por los tanto se convierte en un comportamiento digno. Más aún, si la relación es dentro de la profesión, porque no es una relación incidental sino de necesidad, especialmente para el usuario y por ello, basarla en la veracidad es la mejor manera de darle solidez

Ser veraz es expresar toda la verdad cuando deba ser expresada. La veracidad es, según la definición una actitud abierta y prudente al mismo tiempo. Es abierta porque implica la comunicación a los otros de los que cada uno considere la verdad, y es prudente, porque se limita cuando las circunstancias de expresar la verdad, tengan más posibilidades de daño que de bien.

El problema que suscita el concepto de veracidad es el de definir la verdad. La verdad es la realidad de las cosas, lo que es, no lo que parece a cada uno. Por eso, la verdad debe mantenerse dentro de la objetividad. Sin embargo, pueden distinguirse, desde el punto de vista filosófico, tres clases de verdad: la ontológica, que es la que se expresó antes; la formal o lógica, que es la que nace cuando el entendimiento comprende las cosas como son y la moral, que es la conformidad entre lo que se expresa y lo que se cree acerca de las cosas. En ésta última se apoya la veracidad como virtud.

A la verdad se puede llegar por muy diferentes caminos:

La aceptación del dogma puro, reconocido como tal.

La aceptación de la verdad revelada en el conocimiento transmitido por sabios.

La aceptación de los que queda después de dirimir conflictos entre partes, bien sea de carácter legal, bien sea de carácter conceptual, bien sea de carácter práctico.

La aceptación del resultado del análisis racional en el método científico.

Ámbitos de la veracidad

El primer y principal ámbito de la veracidad es uno mismo. Se da en el conocimiento amplio y profundo de su propio interior, tal cual es, con fortalezas y debilidades, con virtudes y defectos, pero aceptándose son reticencias y con benevolencia.

El segundo ámbito de la veracidad está en la relación con los demás: manifestarse a los demás como se es, sin exponer inútil y peligrosamente la intimidad. La autenticidad es la demostración más fehaciente de veracidad, consigo mismo y con los demás.

Un tercer ámbito de la veracidad se da en vida pública: en los medios de comunicación social, como información que mantenga a las personas en clima de verdad; en la propaganda y la publicidad, que no lleve a las personas a aceptar lo que engañosamente se les ofrezca; en la pertenencia a las instituciones, porque considera que así hace parte de una verdad aceptada. Finalmente, también es ámbito de la veracidad, el respeto a la verdad del otro, aunque sea diferente o en contradicción con la propia.

Problemas actuales con la veracidad

El primer y más notorio problema actual para la veracidad, es que ya no es considerada como necesaria actitud global ética. Así, la verdad se manifiesta a medias o según las conveniencias, según la utilidad que traiga el expresar la verdad o mentir.

Otro problema es que las relaciones interpersonales no se manejan en clima de veracidad: frente al otro no se es auténtico sino en la medida que sea útil para los propósitos propios, de tal manera que lo más común es la relación interpersonal mediada por agendas secretas.

Un tercer problema es que ya no se acepta la verdad moral sino la “Física”, sustentada en demostraciones, pruebas documentales o testimoniales. Ya no basta manifestar lo que se cree, sino que es necesario sustentarlo.

La inexistencia de una voluntad de verdad, manifestada en los problemas que se mencionaron en los párrafos anteriores, ha obligado a la creación de una ética de la verdad, pero no basada en la verdad en si misma, sino en las formas externas: el juramento, los testigos, la autenticación de documentos, las sanciones penales por faltas contra la verdad, etc.

Faltas contra la verdad

Contra la verdad se puede faltar, fundamentalmente, de dos maneras: por defecto cuando no aparece en la verdadera magnitud la veracidad y por exceso, que es la manifestación de la verdad cuando o como no debía ser dicha.

Faltas por defecto. Las faltas contra la verdad por defecto se caracterizan porque presentan una situación diferente a la verdadera (mentira) o la presentan parcialmente, bien sea por ocultar parte de ella o por considerarla solo en parte (verdad a medias).

La mentira. Como falta contra la verdad, por defecto, es la más frecuente, tanto como actos de mentira aislados, como las actitudes de mentira.

La mentira se define como:

“El uso deliberado de una expresión verbal escrita o corporal, contraria a lo que se piensa acerca de algo”.

La definición permite hacer dos consideraciones importantes:

El elemento formal de la mentira es la discrepancia entre lo que se piensa o se cree y lo que se manifiesta externamente.

La mentira, por expresar deliberadamente algo, es siempre consciente, de tal manera que, por su naturaleza, es un abuso a la credibilidad del otro, aunque no haya la deliberada intención de engañarlo.

La mentira siempre es moralmente ilícita, por ser siempre un abuso, deliberado o no, de la credibilidad del otro. Por ello, la mentira implica inmoralidad personal y social.

El secreto como guarda de la verdad

La definición de secreto, según Royo Marín (1973, p. 622) se debe mirar desde dos aspectos diferentes: lo que es el secreto en si mismo o sea el aspecto objetivo, y el subjetivo, que corresponde a la persona depositaria del secreto.

Según el aspecto objetivo: “Secreto es todo lo que debe permanecer oculto. “

Según el aspecto subjetivo: “Secreto es la obligación de no revelar a nadie lo oculto, sabido en forma justa o injusta.”

En el secreto, los elementos fundamentales son, en primer lugar, el carácter oculto del mismo, especialmente como compromiso moral de guardarlo; en segundo lugar, la confidencialidad de su adquisición, bien por revelación de alguien, bien por descubrimiento propio de quien llega a su conocimiento; en tercer lugar y bien importante, ya que la creencia general es contraria, el carácter de confidencial no se pierde porque más de dos personas sean poseedoras del secreto, porque la obligación de guardarlo es inherente fundamentalmente al conocimiento que cada persona tenga de él y se extiende a cuantas personas, ni lo oculto tiene la misma importancia, ni la manera de haber llegado a ser depositario del secreto es la misma, es necesario hacer una clasificación de los secretos.

Clasificación

La clasificación más adecuada, desde la ética, es la que se refiere a la naturaleza del secreto como tal:

Secreto natural. Es el que nace de la naturaleza del conocido que, por si misma, obliga a su guarda.

Secreto prometido. Es el que se fundamenta en promesa explicita de no revelación, promesa que es posterior a un acuerdo gratuito entre confiante y confidente o de investigación o confidencia provocada o espontánea.

Secreto confiado. Es el que nace de la relación entre lo poseedores del secreto con promesa implícita de no revelación, dada la relación entre las personas. También es confiado el secreto que se revela de expresa promesa de su guarda. Además de lo anterior, para que el secreto sea confiado, requiere que su materia sea realmente secreto, desde antes de su revelación y que la revelación se produzca en el contexto de una relación personal que exija confianza entre sus miembros, por cualquier medio de expresión: oral, escrita, gestual, etc.

Como secreto confiado existen varios tipos:

El confiado simple. Que es propio de la relación entre personas naturales, sin vínculos diferentes al ser personas, pero especialmente, el que nace de la amistad entre las personas.

El profesional. Es el que nace de la confianza mutua en la relación entre un profesional, de cualquier profesión, y su usuario. En el secreto profesional se deben distinguir.

- El secreto en razón del ejercicio profesional, que es el producido por la relación directa entre profesional y usuario, cuando el profesional está en el ejercicio de las funciones propias de la profesión.

-El secreto con ocasión del ejercicio profesional, es el nacido del conocimiento indirecto de situaciones propias del ejercicio profesional, pero sin existencia de relación profesional directa con el dueño del secreto.

Secreto de estado. Es el que se le confía, en razón de su vinculación a un empleado del Estado.

Secreto de conciencia. Es el que da por confidencias entre personas que comparten muy profundamente su intimidad, como la de amigos. Pero por antonomasia, el secreto de conciencia es el que se da en la relación de dirección espiritual y el que se da en la confesión sacramental católica.

Limites del secreto

Para el secreto, cualquiera sea su clase, nunca es permitida la divulgación, ya que ésta, de por sí, es violación del mismo. Pero cada clase de secreto tiene limites que marcan donde empieza la obligación de guardarlo y cuando existe la posibilidad lícita de revelarlo o, por lo menos la no obligación de su guarda. En algunas circunstancias de algunos de los tipos de secretos, existe inclusive la obligación de revelarlo. La revelación es el descubrimiento del secreto a quien, por autoridad, por confianza (Aunque en este caso no hay acuerdo entre los diferentes autores) o por derecho, se le debe hacer. La divulgación es la develación pública del secreto, sin causa justa.

Los límites expresados no son iguales para todas las clases de secreto:

Para el secreto natural, la obligación de guardarlo se debe, en primer lugar, por caridad, dado el daño que su revelación causaría al dueño del secreto (y más aún, si se trata de divulgación); en segundo lugar la guarda obliga por estricta justicia, pues es un bien natural y un derecho de la otra persona, sobre el cual nadie debe tener otro derecho.No obliga guardar el secreto natural cuando está de por medio el bien común o cuando de su guarda se deriven graves perjuicios para el dueño del secreto o para otras personas.

El secreto prometido, obliga guardarlo por fidelidad a la promesa hecha al respeto.

No obliga si la promesa se refiere a la no revelación de situaciones por fuera de la ley civil, si hay grave perjuicio para el dueño del secreto o para el confidente o si el guardarlo va contra el bien común o hay daño grave de terceros. En los dos últimos casos se debe considerar la obligación de revelar el secreto.

El secreto confiado, es el más riguroso de los secretos y obliga guardarlo por estricta, ya que, como se dijo antes, nace de la confianza en la relación interpersonal. Pero la obligación de guardarlo, lo mismo que la no obligación de guardarlo obedecen a razones diferentes, según el tipo de secreto confiado: obliga por dispensa dada, implícita o explícitamente, por el dueño del secreto.

El secreto de Estado obliga porque por su divulgación afecta el bien común. Nunca es lícita su revelación

El secreto de conciencia obliga por su naturaleza y como el de Estado, nunca es moralmente lícita su revelación, especialmente el de confesión que es de absoluta reserva (sigilo sacramental).

Violación del secreto

Todo lo que se salga de los límites de guarda del secreto, se configura como violación del mismo. En términos generales, las formas de violación del secreto se pueden agrupar en cuatro principales, en lo que se refiere especialmente al secreto profesional:

Cuando para llegar al contenido de un secreto se emplean medios indiscretos, injustos, violentos o ilícitos: preguntas capciosas, amenazas, espionaje, violación de correspondencia o de comunicaciones, sobornos.

Cuando se hace revelación del secreto en forma inoficiosa, sea lícita o ilícita, aún sin ánimo de perjudicar. Esta forma es muy común en las instituciones cuando en las conversaciones de pasillo o de cafetería, se tratan temas del trabajo.

La exposición de detalles, aún en forma indirecta, que sin revelar el secreto, den indicios suficientes para descubrirlo.

La utilización del secreto, en provecho propio o de terceros, sin la autorización o conocimiento del dueño del secreto o en contra de sus intereses.

Dispensa de guarda del secreto

La dispensa de guarda de un secreto es la autorización, expresa o presumida, para revelarlo, con causa justa. Hay varias causas para la dispensa de la guarda del secreto, pero la referencia se hace especialmente a las que tienen que ver con el secreto profesional.

El consentimiento expreso del dueño del secreto, por su propio interés.

La presunción del consentimiento dado por el dueño del secreto, derivada de la misma índole de la relación profesional-usuario, Vg. la que presume el abogado defensor, la del médico en los casos de exámenes médicos para compañías de seguros.

La defensa del bien común, cuando la guarda del secreto le traería grave perjuicio y dada la prelación que tiene el bien común sobre el particular.

Para beneficio del mismo dueño del secreto, aún en contra de su voluntad, sobre todo cuando el guardarlo le traiga grave riesgo o daño.

Cuando el no revelar el secreto lleve a peligro cierto daño grave, injusto o irreparable a una tercera persona inocente, si no hay otra forma de defender del peligro a la tercera persona.

Para evitar el propio daño grave o injusto en que pueda caer el profesional por guardar el secreto, a menos que el daño provocado al dueño del secreto por la revelación del secreto, sea mayor. Sin embargo la valoración del riesgo deber ser muy cuidadosa, para no agrandar, en perjuicio del dueño del secreto, la magnitud del daño. Desde este punto de vista, es preferible correr el riesgo propio, que llegar a una violación de secreto profesional.

Los requerimientos de la ley, sobre hechos conocidos con ocasión del ejercicio profesional. Para los hechos conocidos en razón del ejercicio profesional, no hay dispensa de guarda del secreto profesional, aún con requerimiento de la ley.

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Se debe reconocer que la publicidad y la propaganda son necesarias, porque permiten orientar las preferencias de las personas, en medio de las sociedades pluralistas de la actualidad y, más aun, si están dirigidas al bien común, a mantener la dignidad. Se vuelven nocivas cuando se hacen manipuladoras: cuando crean mentalidad consumidora, a partir de suscitar en las personas necesidades nuevas, generalmente artificiales o no útiles

LA DIGNIDAD Y EL LUCRO PROFESIONALES

Todas las profesiones se ejercen como un servicio a los demás. El solo hecho de dedicar al trabajo muchas horas del día, significa un sacrificio de la propia comodidad en beneficio de los demás. También significa servicio a los demás, el volcar hacia el usuario los conocimientos y técnicas propios del quehacer profesional.

El lucro económico

Hay muchas maneras por las que el lucro económico, en el ejercicio profesional, no es digno, porque no es honesto ni justo, aunque debe tenerse en cuenta que en la fijación de tarifas u honorarios profesionales, debe guardarse la debida proporción, de acuerdo con la preparación académica necesaria para el servicio y la índole misma del servicio, ya que se trata de que el lucro sirva para vivir y no vivir para obtener el lucro:

El cobro de tarifas y honorarios usuales por servicios inadecuadamente prestados, incompletos, de mala calidad, con errores por negligencia o por servicios supuestamente prestados. En este aspecto se puede incluir el cobro por servicios supuestamente prestados. En este aspecto se puede incluir el cobro por prestación de servicios estando el profesional no preparado adecuadamente, con el pretexto de “no dejar escapar al cliente”.

El cobro de tarifas u honorarios altos por servicios normales, aprovechando la alta capacidad económica del usuario.

El cobro de comisiones a otros profesionales, por remisión de usuarios, cuando el profesional no está en capacidad de prestar el servicio. Esto es correlativo al ofrecimiento de comisiones a quien remita clientes.

El uso de métodos ilegales o no éticos para captación de usuarios, como el cobro de servicios por debajo del costo real, el anuncio de ventajas no reales.

El cobro por los servicios prestados, mediante formas social o legalmente inaceptables que implican coacción moral, como el chantaje o la extorsión, o coacción física, como la violencia y el terror, amén de los cobros mediante le poner en evidencia social desmedida e injusta al deudor.

El cobro excesivo o muy por encima de sus costos reales, por servicios especializados, aprovechando la escasez de profesionales que los presten.

La fijación de precios normales para productos fraudulentos, bien sea por mala calidad pero mostrados de buena calidad, bien sea falsificados, bien sean sucedáneos presentados como originales.

El ofrecimiento o solicitud de comisiones (en dinero o disfrazadas de donaciones, premios, gratificaciones, facturación diferente a la real), no pactadas en contratos legítimos, con el fin de inducir a mayor ventas, y por lo tanto, mayor lucro, puede conducir a la fijación de precios anormales.

La evasión de impuestos, con el fin de no disminuir las ganancias, es también un lucro deshonesto, porque con ellos se lesiona la justicia distributiva a cargo del Estado, en lo que se refiere a la redistribución de la riqueza y porque así se recarga la obligación en los que si pagan los impuestos.

El problema del desvalido económico

Muchos de los bienes y servicios que normalmente se ofrecen en la sociedad actual, son los llamados de básica necesidad, es decir, aquellos que todos necesitan para su subsistencia, y a veces para sobrevivir. Son, por lo tanto, servicios y bienes de imperativa adquisición para todos, pero que, también para muchas personas en desvalidez económica, son inaccesibles.

Frente al problema planteado, la asistencia al desvalido económico es una exigencia de humanidad, de justicia y de caridad. Por lo tanto, es obligación ética y de dignidad del profesional, atender cuando caen dentro del ámbito profesional. Pero la atención al desvalido económico está condicionada por la real necesidad del desvalido, que puede ser detectada de muchas maneras, y condicionada por la forma de demanda del servicio, que debe estar enmarcada en respeto mutuo, entre profesional y desvalido como personas, y no debe hacerse con amenazas y descortesías.

Tecnologías y dignidad profesional

Todas las profesiones se ejercen como aplicaciones de conocimientos científicos concretos a la solución de problemas concretos. Estas aplicaciones pueden considerarse como técnicas o tecnologías. Mitcham (1989, p. 13) hace una clara distinción entre ambas, al considerar las técnicas como los procedimientos que al ser aplicados deben producir determinados resultados, en tanto que por tecnología define el quehacer de la ciencia moderna y mediante el uso de instrumentos, con lo cual la tecnología presupone y comprende a las técnicas. Obviamente, existen tecnologías diferentes para las diversas profesiones dado que los resultados buscados y los presupuestos científicos son diferentes.

No es que se deba estar en contra de las tecnologías. El problema fundamental no está en lo que son, sino en la manera cómo se usan. Cuando el servicio profesional pone las tecnologías, no a obtener resultados para el usuario de la profesión, sino al humano como objeto de la tecnología, de una manera u otra se está manipulando a las personas usuarias de las profesiones.

La manipulación tecnológica

Originalmente, la manipulación se entendió como el manejar algo con las manos. Pero el término ha evolucionado, al incursionar en diversas ciencias y profesiones, desde el significado original hacia el peyorativo de “servirse de malos medios, de artimañas, con deslealtad y especialmente, en ventaja propia”. (Haring, 1985, p. 15). Por otra parte, no se puede negar que el término también ha llegado a significar el regir o gobernar los negocios propios. Como se ve, el problema de significado de la palabra manipulación depende del contexto en el cual se use.


Los profesionales juegan un papel muy importante en la dinamización de todos los procesos, sociales, económicos, políticos, culturales… como agentes, líderes y promotores, en la perspectiva de contribuir a crear y recrear valiosas conductas sociales como la cooperación, la autonomía, la participación comprometida, la comunicación y la solidaridad; Esto obliga al profesional a convertirse en un visionario, un estratega, un líder experto en la conducción de la modernización. Le obliga a estar pendiente de las tendencias y la evolución tecnológica y evaluar su aporte potencial -el suyo y el del componente tecnológico- en la organización e identificar y aprovechar los nuevos negocios y segmentos de mercado potenciales en los que participar.


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